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Las medidas adoptadas no están aisladas de lo que sugieren los manuales tradicionales de macroeconomía

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Las medidas adoptadas en los últimos meses por parte del Gobierno nacional no están aisladas de lo que sugieren los manuales tradicionales de macroeconomía. Hay una restricción presupuestaria que no se puede dejar pasar por alto, así como desequilibrios sectoriales que hacerle frente para garantizar la sostenibilidad del bienestar de la población. La hoja de ruta trazada por la actual administración es congruente con los objetivos de desarrollo a mediano y largo plazo.

No obstante, el Gobierno se enfrenta a grandes desafíos. Uno de ellos es el resultado fiscal que posee, deficitario en los últimos nueve años y probablemente diez al 2018, el cual influencia en gran media los niveles de deuda pública. La pérdida de representatividad de sectores clave en la producción nacional (agricultura, industria, comercio) también tiene que formar parte de la agenda púbica. Asimismo, hay un sector externo con el 60% de sus exportaciones (en volumen) concentradas en el sector petrolero, lo que nos hace vulnerables a los shocks de precios. Pérdida en la competitividad en términos reales del 21% en los últimos 10 años y un mercado de trabajo con baja productividad.

De hecho, los salarios promedio de la economía han evolucionado por encima de la productividad laboral, lo que sugiere una pérdida en la utilización de los factores productivos. El 59% del empleo es inadecuado y el número de empleados con nivel de educación superior es de tan solo el 19,5% mientras que el 80,5% restante posee educación básica, es bachiller o no posee preparación alguna.

Para poder hacerle frente a todos estos problemas estructurales se crea la Ley Orgánica de Fomento Productivo, Atracción de Inversiones, Generación de Empleo, Estabilidad y Equilibrio Fiscal, la cual posee 4 ejes de trascendental importancia para el país. El primero es la reactivación productiva, el segundo, la estabilidad y equilibrio fiscal, el tercero, la reestructuración y optimización del Estado y por último el equilibrio del sector externo y sostenibilidad de la dolarización.

Sin embargo, del contenido observado en dicha Ley, aún no se establecen claramente los mecanismos de transición asociados para que cada uno de estos ejes se desarrolle significativamente para volver a la senda de crecimiento económico deseada. Hay una postura clara para corregir los desequilibrios macroeconómicos heredados (lo que se destaca) pero los resultados quizá aún hay que matizarlos de mejor forma para crear confianza en los mercados.

Las expectativas juegan un papel protagónico a la hora de tomar decisiones y es por ello que el Gobierno tiene que generar credibilidad, pues hacer creíble un plan económico de esta categoría (y tomando en consideración los retos a los que se enfrentan) servirá para que las políticas adoptadas le jueguen a favor y en beneficio de toda la sociedad en su conjunto.

Si bien la economía ecuatoriana creció en 2017 2,4% en términos reales (revisado a la baja desde el 3% reportado anteriormente), hay organismos internacionales que prevén que esta expansión se desacelere al 1,8% en 2018 y 1,6% al 2019, es decir que el consenso de los analistas aun considera que el panorama para el país es conservador y hay que analizar detenidamente su evolución por todos los retos que posee en la actualidad.

De hecho, la calificadora de riesgos Fitch Ratings bajó la calificación de riesgo de Ecuador como emisor de deuda soberana a largo plazo, de B a B-, lo que indica que el país podría estar teniendo una incapacidad de pago hacia sus tenedores de deuda, lo cual no ayuda si la intención es cubrir el déficit fiscal con nueva deuda, a tasas de interés mas convenientes y a plazos mas razonables a medida que la economía retoma la expansión económica ajustada al target de política.

En suma, se está dando los primeros pasos para realizar un reacomodamiento de precios relativos y cambios necesarios que la economía requiere, esperemos que con estas medidas los recursos que se generen estén encaminados a mejorar la estructura productiva del país, el mercado de trabajo y su productividad laboral para con ello, ser mas competitivos en los mercados internacionales y poco vulnerables a los shocks de precios que históricamente han aquejado al país. Caso contrario haciendo referencia a Larraín F. & Sachs J. (2013): “seguirse endeudando hoy significará volver a ajustarnos el cinturón (reducir la absorción) mañana”.

 

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